¿Está España bajo deflación?

bce1La semana pasada el INE (Instituto Nacional de Estadística) publicó el IPC adelantado de marzo, donde se reflejaba una tasa negativa del -0.1.

Este índice, como decimos, previo al IPC que se publicará el 15 de abril, no suele diferir de manera significativa con el mismo. De esta manera, cabría preguntarse si realmente nos encontramos bajo deflación.

En primer lugar, antes de entrar en mayor análisis vamos a definir qué entendemos por deflación. De acuerdo con el criterio establecido por el Fondo Monetario Internacional (FMI) se entiende por deflación la caída de los precios en el conjunto de la economía que se prolonga durante varios períodos (al menos dos trimestres). Por tanto, se excluirían las caídas de precios de sectores concretos, o las que se produzcan en momentos puntuales.

Una vez definido el concepto de deflación cabría preguntarse ¿Qué es lo que la provoca? Para responder a dicha cuestión hay que tener en cuenta que esta coyuntura se va a producir cuando la oferta de bienes y servicios en una economía es superior a la demanda. Este desajuste puede ser provocado por dos motivos:

· Insuficiencia de la demanda

· Exceso de la oferta

Llegados a este punto, pasamos a analizar cuáles serían los efectos para la economía dela deflación. A la hora de hablar de consecuencias hay que diferenciar dos entornos, es decir, si la economía se encuentra en expansión o crecimiento, o si por el contrario está contrayéndose (recesión).

Bajo una coyuntura de crecimiento la deflación incluso puede llegar a ser beneficiosa, se gana competitividad al ser los productos de dicha economía relativamente más baratos con los del exterior, y ello puede ayudar a que la economía siga creciendo.

Sin embargo, en un entorno de recesión puede significar el nacimiento de un círculo vicioso de graves consecuencias. Un descenso de los precios deteriora los resultados empresariales, lo que implica recortes de plantilla y de inversión en bienes de equipo, lo que a su vez lleva a una disminución de la demanda que de nuevo recorta el excedente empresarial. Todo ello unido a que si los consumidores perciben que los precios están bajando, reducirán su consumo presente ante la expectativa de posteriores bajadas de precio. Se crea por tanto una espiral, las empresas reducen su inversión, se destruye empleo y a la vez se consume en menor medida. Por consiguiente, la mencionada ganancia de competitividad con respecto al sector exterior queda anulada. Hay que decir que la salida de este círculo vicioso sólo se produce cuando los precios han disminuido lo suficiente para que los consumidores y empresas puedan restablecer progresivamente su nivel de demanda.

De otro lado, la actividad financiera se resiente. Hay que recordar que estamos acostumbrados a hablar de tipos de interés, en términos nominales, es decir, sin tener en cuenta el efecto de los precios. Sin embargo, el tipo de interés que tiene en cuenta este efecto, el real, bajo un entorno de deflación se alteraría de forma que aunque los tipos de interés nominales se encuentren en tasas bajas, lo que realmente pagan los deudores se vería incrementado por la tasa de inflación negativa.

Una vez hemos analizado las consecuencias sería momento de aportar soluciones. En este sentido, se puede decir que son más eficaces las medidas que se adopten a priori, es decir, para evitar caer en deflación, que las que intenten corregir el problema. Por otra parte, se podría aprovechar la experiencia de Japón, que sufrió deflación en los años 90, para evitar caer en políticas precipitadas que no hagan, sino engordar el problema. Por tanto, las políticas a emprender girarían en torno a dos frentes. El primero (monetaristas) sugiere bajar los tipos de interés y aportar fondos a las entidades financieras para fomentar el crédito a familias y empresas. El segundo (keynesianos) propone incrementar el gasto público para dinamizar la economía.

Para concluir, hablar de deflación en España aún es precipitado. Sin embargo, el dato del IPC adelantado, refleja que se debe actuar con medidas concretas que eviten la temida deflación, ya que como hemos analizado, vendría acompañada de graves consecuencias para la ya maltrecha economía española.

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